TORRES MEXICANAS
COLECCIÓN DE LITOGRAFÍAS

Por José Ignacio Nuño Morales

Al margen de su indudable connotación simbólica, como gesto de elevación espiritual o como señal de la poderosa presencia institucional de la Iglesia católica en la sociedad mexicana; de su función utilitaria, como campanario o reloj; o de su papel como referencia de ubicación urbana, las torres de nuestras iglesias poseen con frecuencia un valor plástico de altísima calidad que debe destacarse con especial énfasis dentro del patrimonio artístico y cultural de México.
Constantes imprescindibles en la identidad del paisaje de nuestros pueblos y ciudades, existen decenas de torres que por sus atributos arquitectónicos merecen figurar en un catálogo de ejemplos notables.
Dentro de ese posible catálogo seleccioné las dieciséis torres que me parecieron más interesantes, de las que realicé los dibujos que sirvieron de base para producir las litografías que conforman la colección.
Los dibujos fueron elaborados entre 1997 y 1998 en los espacios libres que me dejaba mi trabajo como arquitecto. La técnica empleada es tinta china y tinta aguada aplicada con estilógrafo sobre papel albanene. Las litografías están impresas en Offset sobre un papel importado tipo Fabriano.
A continuación se relatan las principales características de cada una de las torres seleccionadas:

 

 

Catedral de México

Iniciada en la segunda mitad del siglo XVI fue concluida hasta 1821. Comprende múltiples estilos: herreriano (portada del lado norte), barroco (resto de las portadas) y neoclásico (cúpula y segundo cuerpo superior de las torres). El proyecto original fue realizado por Claudio de Arciniega; pero a principios del siglo XVII Juan Miguel de Agüero proyectó un modelo que lo modificaba, cubriendo el edificio con bóvedas en vez de armaduras de madera. Con la participación de distintos arquitectos, en la segunda mitad del siglo XVII se terminó el interior de la catedral, el cuerpo bajo de la fachada principal y el primer cuerpo de la torre oriente. El segundo cuerpo de las torres se inicia en 1787 y se concluye en 1791, obra neoclásica de José Damián Ortiz de Castro, quien obtuvo en concurso con su proyecto el encargo de concluir las obras de la catedral, si bien son terminadas por el arquitecto valenciano Manuel Tolsá, cuya mayor creación fue la cúpula. Además de sus majestuosas proporciones, destaca en las torres de la catedral metropolitana la solución de Ortiz de Castro para el segundo cuerpo, en el que inserta una estructura octagonal dentro de una envolvente definida virtualmente por cuatro columnas angulares, con lo que logra una adecuada continuidad con el cuerpo inferior, así como un efecto de ligereza que mucho beneficia al edificio en virtud de la pesadez de la primera sección. Asimismo, el peculiar remate en forma de campana se observa bien integrado el cuerpo en que se desplanta. Estos remates que parecen de piedra maciza son en realidad de tezontle tallado, revestido de chapa de cantera y trabado con cinchos de acero.

 

Catedral de Puebla

Ha sido calificada como de estilo herreriano, por su similitud con el lenguaje arquitectónico puesto en uso por Juan de Herrera, autor del monasterio de El Escorial. Iniciada en la segunda mitad del siglo XVI, su primera traza conocida se debe a los maestros mayores Francisco de Becerra y Juan de Cigorondo. El proyecto original consideraba la presencia  de cuatro torres, una en cada esquina. Durante el siglo XVII se hicieron responsables de la construcción diversos arquitectos hasta que intervino el entonces maestro mayor de la catedral de México, Luis Gómez de Trasmonte, quien reproyectó el conjunto, incluyendo las torres. Después de Gómez, participaron otros muchos arquitectos, entre ellos Pedro Mosén García Ferrer, autor de la cúpula en la época del célebre obispo Juan de Palafox y Mendoza, quien impulsó enérgicamente la construcción de la catedral entre 1640 y 1649. A finales del siglo XVIII y principios del XIX intervinieron en el interior Manuel Tolsá y José Manzo. La catedral fue estrenada por Palafox y Mendoza, pero se concluyó totalmente hasta 1819. Sus altares, retablos, pinturas, esculturas y mobiliario constituyen un tesoro artístico excepcional. La unidad y severidad de su estilo, efecto al que contribuye el tono gris oscuro de la dura cantera con la que están construidas, le otorga a las torres de la catedral de Puebla una elegancia inigualada por ningunas otras.


Iglesia de Santa Prisca, Taxco, Guerrero

Financiada y dirigida por el rico minero José de la Borda, la iglesia comenzó a construirse en 1748, terminándose 10 años después. Su diseño y construcción se atribuye a un arquitecto apellidado Durán o a Cayetano de Sigüenza. Los portentosos retablos interiores se deben a Isidoro Vicente de Balbás.
Las torres son de un barroco exuberante con elementos churriguerescos (estípites) y en ellas llama la atención la forma de su remate, parecido a la base de un candelero. Sus proporciones muy esbeltas, su fina ornamentación y la topografía del lugar se conjugan para que la iglesia se exprese como un extraordinario punto focal al que parece concurrir toda la ciudad. A juicio de varios especialistas, Santa Prisca es el edificio más homogéneo y mejor logrado del barroco mexicano.

 

Iglesia de San Felipe Neri, Guadalajara, Jalisco

En 1752 se inició la construcción del templo, concluyéndose en 1802. Se realizo bajo la dirección de Pedro Ciprés y del padre filipense Cristobal de Mazariegos. La torre, de un barroco sobrio con reminiscencias platerescas, es de proporciones enormes, pero muy armoniosas y de muy interesante volumetría. Está compuesta por dos cuerpos, el inferior de planta cuadrangular, con dos vanos por lado, enmarcados por arcos de medio punto, donde se alojan las campanas; el segundo cuerpo tiene forma de prisma octagonal, con vanos enmarcados por columnas triples en cada una de las caras; corona la torre una cúpula acampanada. 

 

Catedral de Tlaxcala

La iglesia franciscana, ahora catedral, se construyó bajo la dirección de los frailes, entre los que se contó a fray Juan de Rivas, guardián del anexo convento de la Asunción de 1548 a 1552 y de 1558 a 1560. En ella destacan las armaduras de madera labrada de estilo mudéjar (alfarje) que cubren la nave.
El atrio incluye capillas posas y una capilla abierta con reminiscencias medievales que es una de las más antiguas de México. La torre es notable por su masividad y, especialmente, por su emplazamiento aislado del cuerpo del templo. Contribuyen también a su atractivo la densa arboleda del entorno y su vecindad con la plaza de toros de la ciudad. La torre actual, del siglo XVII, sustituyó a la original edificada a mediados del siglo XVI. Está unida al convento (hoy museo) por un paso de ronda.

 

Catedral de Morelia, Michoacán

Su localización dentro de la plaza mayor de la ciudad permite admirarla  desde muy distintos ángulos. Su construcción se inicia en 1660 con proyecto del arquitecto italiano Vincenzo Baroccio Escaiola. A la muerte de Baroccio en 1692 continúan las obras Juan de Silva y Antonio de Echavira. Aún inconcluso se consagró el templo el 10 de mayo de 1705. En 1738 reanudó los trabajos el alarife José de Medina, quien diseñó las portadas y torres con una volumetría barroca, pero de severa ornamentación, a base de tableros y pilastras que enfatizan su verticalidad. Según el crítico e historiador de arte Silvestre Baxter, la de Morelia es la más bella de todas las catedrales mexicanas.

 

Reloj Monumental de Pachuca, Hidalgo

Es la única torre no eclesiástica de la colección. Ocupa el centro de la plaza principal de Pachuca. Construida para conmemorar el primer centenario de la independencia, se inició en 1904 y se concluyó en 1910. Intervinieron en su edificación el señor Tomás Cordero, los ingenieros Luis Carreón y Francisco Hernández y el maestro cantero Alfonso Arteaga. Es de cantera blanca de la región con esculturas de mármol de Carrara que representan a la Independencia, la Libertad, la Reforma y la Constitución. Su estilo se ha clasificado como neoclásico, pero contiene muchos elementos eclécticos.

 

Catedral de San Luis Potosí

La obra fue iniciada a principios del siglo XVIII por el maestro alarife Nicolás Sánchez Pacheco, proveniente de la ciudad de México. Se consagró catedral en 1866, contando con una sola torre, la sur, de calicanto, ladrillo, cantera y argamasa policromada a la cal, conformando columnas salomónicas en sus tres cuerpos superiores. La torre norte, construida en 1910 por intermediación del famoso obispo Ignacio Montes de Oca, repite el modelo original, pero se hace en cantera gris, lo que la distingue mucho de aquella. El edificio sufrió a lo largo de los años múltiples intervenciones no siempre afortunadas.

 

Parroquia de San Sebastián, León, Guanajuato

Antigua parroquia franciscana dedicada al patrono de la ciudad, ubicada entre la plaza principal y la plaza de los Fundadores, plaza que ocupa el sitio del cementerio anexo al convento de los frailes que dejaron la ciudad en 1767. La torre es del siglo XVIII de un barroco sobrio, y en ella llama la atención la gran dimensión de la bella cruz que remata la linternilla de la cúpula.

 

Catedral de Zacatecas

En el fondo de la barranca en la que se sitúa la ciudad minera de Zacatecas, hoy designada patrimonio cultural de la humanidad, se desplanta su barroca catedral de cantera rosa. Proyectada entre 1720 y 1731, su construcción se inició en 1729 a cargo del alarife Domingo Ximenez Hernández. La torre sur fue terminada en 1785 y fue la única con la que contó la catedral por más de un siglo hasta que en 1904 el maestro de obras Dámaso Muñetón, copiando la original en forma inmejorable, concluyó la torre norte. En 1841 se realizó la consagración litúrgica del templo. Destaca en el caso de la soberbia catedral zacatecana que la profusa ornamentación barroca se vuelve ligera subordinada a las excelentes proporciones de sus torres y de la iglesia en su conjunto, así como la manera en que se percibe y encuentra dentro de la ciudad, como admirable culminación del recorrido de sus irregulares calles y bajo variadas y sorpresivas perspectivas.

 

Iglesia de San Francisco, Querétaro, Qro.

La edificación del convento original se inició a mediados del siglo XVI. A partir de 1664 y hasta 1727 los franciscanos desarrollaron una intensa actividad constructora, llevando a su conclusión la mayoría  de las dependencias que lo caracterizaron: el templo, con sus capillas interiores, la torre, el claustro, la enfermería y, en torno del atrio - cementerio, la capilla de indios, la de la Tercera Orden, la de Loreto y la del Santo Cristo de San Benito. A partir de 1936 el antiguo convento se destinó al Museo Regional. El templo fue catedral hasta 1867. Su torre barroca, de tratamiento ornamental muy sobrio, destaca en la ciudad por sus inmensas proporciones.

 

Iglesia de San Francisco Acatepec, Puebla

Localizada en un poblado cercano a la ciudad de Puebla, sobresale, junto con la muy próxima de Santa María Tonanzintla, como la expresión más acabada de un barroco exuberante netamente popular, caprichoso y original, en el que es fácil advertir la sensibilidad de artífices indígenas. La torre, como el templo, es de pequeñas proporciones y está toda recubierta de azulejos que le confieren un extraordinario colorido. Asemeja, según Manuel Toussaint, una pequeña iglesia de porcelana y, según José Moreno Villa, un gran juguete de cerámica. Fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII.

 

Santuario de San Juan de los Lagos, Jalisco

Bajo la dirección del maestro mayor Juan Rodríguez Estrada, su construcción se inició en 1732, para sustituir al anterior templo que ya era insuficiente para recibir a la multitud de peregrinos. La imagen de la Virgen se trasladó al nuevo recinto en 1769. Las torres se terminaron en 1790. Los tres cuerpos y el remate de las torres están constituidos por columnas toscanas y por cornisas, molduras y balcones en los que predominan los trazos curvilíneos, con los que se logra un efecto de continuidad formal muy delicado y atractivo, que también puede apreciarse en las torres de la parroquia de Lagos de Moreno y de la catedral de Aguascalientes, con las que las de San Juan guardan cierta similitud.

 

Parroquia de San Miguel de Allende, Guanajuato

La actual parroquia se edificó a fines del siglo XVII o principios del XVIII sobre otra más antigua. Sus torres originales fueron demolidas a fines del siglo XIX para sustituirlas por un pórtico frontal o nartex del que forma parte la torre seudogótica, obra del maestro analfabeta local Ceferino Gutiérrez. A pesar de la burda expresión de algunos de sus detalles, la enorme masa de la torre cuenta con un valor plástico indudable que ha adquirido carta de naturalización en el paisaje del lugar.

 

Iglesia de la Soledad, Irapuato, Guanajuato

La torre del templo, anexo al ex-convento de monjas, es de muy pequeña escala y se advierte remetida en un segundo plano en relación con la nave, de suerte que se manifiesta urbanamente en forma modesta en comparación con las torres de otras iglesias de la ciudad; sin embargo, es una obra maestra de refinamiento arquitectónico, que puede identificarse en el aparejo de los sillares, los ornamentos de geometría mixta y los escalonamientos de esquinas y molduras.

 

Iglesia de San Francisco, Celaya, Guanajuato

Su torre barroca de tres cuerpos es del siglo XVII. La fachada neoclásica del templo (1818 – 1820), así como sus altares, se le atribuyen a Francisco Eduardo de Tresguerras, el arquitecto mexicano más famoso del neoclásico. El monumento con el águila devorando la serpiente, que aparece en el dibujo frente a la torre, fue realizado también por Tresguerras para conmemorar el centenario de la Independencia.

 
   
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